Arranca el Abierto Britanico150º del Open Británico

 Gran presencia argentina en St. Andrews

De Vicenzo, izquierda, sentado junto a grande personalidades del golf

No es poca cosa estar metido en el evento más importante del golf mundial, y Argentina no solo ha sido distinguida con la presencia de dos grandes jugadores como lo son Angel Cabrera y Estanislao Goya, ambos cordobeses, sino también el encuentro de Roberto De Vicenzo con sus compañeros de grandes batallas que hayan ganado el Abierto Británico, quienes juntos a los actuales ganadores estarán jugando este miércoles un torneo denominado “Abierto de los Campeones”.  De Vicenzo, allí estará en la misma línea con Ben Curtis, Tom Lehman y Sandy Lyle.  

El Maestro jugará 4 hoyos, y el dinero que arroje la competencia será donado a entidades benéficas, cabe aclarar, que entre otros están Seve Ballesteros, Tiger Woods, Tom Watson, Nick Price, Jack Nicklaus y Arnold Palmer.

Asimismo, y como si fuera poco, y mostrando el nivel que tiene nuestro país en el golf universal, a este trio se le ha incorporado el especialista en reglas, Eduardo Botte.

Botte tendrá la segunda oportunidad en concurrir en tal calidad, siendo esta, además, una ocasión especial, ya que se cumple la 150° edición de uno de los certámenes de más prestigio en el mundo.

Eduardo Botte, actual Presidente de la Comisión de Reglas y Reglamentos, integra el Consejo Directivo de la AAG como uno de sus Vocales Titulares. Jugador del Club Mar del Plata – Los Acantilados, se desempeña como profesional del Derecho.

Volviendo a los jugadores cordobeses, este jueves, hora inglesa, estarán jugando la primera ronda, donde Goya a las 10:59 (6:59 hora Argentina) compartirá la salida con Cameron Percy y Kyung-tae Kim, mientras que Angel Cabrera hará los propio a las 13:31 (9:31 hora Argentina) con Paul Casey y Rickie Fowler.

El Old Course se viste de gala

Swilcan Bridge, los Campos Elíseos, los pechos de la señorita Grainger o las arenas de Nakayima son sólo algunos de los puntos más emblemáticos de un campo que tiene junto con Augusta las imágenes más repetidas y fotografiadas del mundo y que ha acogido momentos indispensables de la historia de este deporte. Ballesteros, que en una reciente entrevista en The Daily Telegraph dijo que el Open debería jugarse todos los años allí, es protagonista de uno de esos instantes irrepetibles, conocido como El Momento: un putt para birdie en el hoyo 18, un golpe que cae perezosamente desde la parte alta y que le dio el triunfo frente a un gran Watson.

Jack Nicklaus, ganador de 18 grandes, vencedor en el Old Course en 1970 y 1978, se despidió del mundo del golf como profesional desde aquí en 2005, año en el que un dominador Tiger Woods se impuso en su segundo Open con 14 golpes bajo par. Pero si hay una actuación impresionante es la del número uno en 2000. Después de asombrar a propios y extraños con un triunfo de extraterrestres en el U.S. Open celebrado en Pebble Beach, Tiger terminó con 19 bajo par con una ventaja de ocho golpes sobre el segundo (la mayor de la era moderna) y con vueltas de 67, 66, 67 y 69, lo que le convertía en el tercer jugador en ganar el Open con cuatro rondas por debajo de 70. Su puntuación media en estos dos Open en St. Andrews es de 67,875. Con razón no deja de repetir que es el mejor sitio del mundo para jugar al golf.  Si ganase en 2010 se convertiría en el primero en obtener tres títulos del Open Británico en la casa del golf: Bob Martin, J.H. Taylor, James Braid y Jack Nicklaus tienen dos y Harry Vardon, que ostenta el récord de victorias con seis Open en su haber, ninguna.

Una catedral contra la tecnología

La fórmula de la magia del lugar es algo que está por descifrar: es un campo plano, con greenes  gigantes, ondulados y compartidos para todos los hoyos menos el 1, 9, 17 18; sin árboles, con un verde seco y tirando a marrón y con un hoyo 18 corto y con una de las calles más anchas del golf mundial. Y sin embargo, o por todo eso, fascina.

Este año St. Andrews tendrá una longitud de 6.648 metros, 900 más que en la primera edición que acogió en 1873, cuando las distancias que hacen los jugadores gracias a la evolución del deporte, de sus físicos y del material es casi el doble desde el tee de salida. Ahí está el problema al que se enfrenta St. Andrews: la tecnología le puede dejar obsoleto o lo que es peor, carente de interés. “Si alguna vez se permitiera que las distancias con el driver se hicieran tan grandes como fuera posible e hicieran que el Old Course resultase obsoleto, una pieza de museo incapaz de servir para el juego de competición, entonces el golf se convertiría en un juego menor”, asegura John Barton en Golf Digest.

Este riesgo ha llevado este año a los técnicos a añadir 40 yardas, unos 36 metros, al hoyo 17, conocido como el Road Hole (Hoyo del camino), y situar el tee fuera de los límites de la propiedad del Old Course, lo que obligará a algunos a jugar el driver y pondrá en peligro su estrategia.

Este hoyo, con un búnker conocido como las arenas de Nakayima por el quíntuple bogey del jugador japonés en 1978 y que dio al traste con sus opciones de victoria, ha estado siempre en el centro de la polémica. En 2002 ya se retocó el búnker en lo que algunos consideraron una traición a las esencias. Ahora, a la luz de esta modificación, defensores y detractores de los cambios han salido a la palestra en un debate que se cuestiona la propia evolución de este deporte. Padraig Harrington, ganador del Open en 2007 y 2008 se ha mostrado a favor: “En este deporte todo evoluciona. Estoy seguro que el anterior tee no estaba ahí hace 30 años”. En contra del cambio se han manifestado, entre otros, el capitán europeo de la Ryder, Colin Montgomery y el ganador del último U.S. Open, Graeme McDowell. Un grupo de arquitectos de campos ha ido más allá y ha escrito una carta a The Sunday Telegraph asegurando que el problema radica en que las distancias que se hacen con el nuevo material están matando la esencia. La polémica viene de lejos: Sir Henry Cotton, ganador de tres Open, ya aseguraba en 1964 que “los terrores del hoyo del camino se han esfumado”. No diría lo mismo David Duval, que perdió allí todas sus opciones en 2000.

En cualquier caso esperan cuatro días de espectáculo: el público más entendido del mundo en la casa del golf, la mayor cobertura de televisión del año y el Open Championship más abierto de los últimos tiempos. Y encima en St. Andrews. Tiger ha insistido esta semana: si tuviera que elegir un escenario para cada uno de los grandes del año elegiría las cuatro veces el Old Course de St. Andrews. Palabra de Tiger. Que disfruten.

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